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Un día sin café.

El cliente cafecero

¿A poco no sientes que te falta algo?
Imagínate.
Te despiertas en la mañana. Bueno, tú crees que te despiertas, pero andas dormido todavía. Te bañas, te cambias y te arreglas. Bajas a desayunar. Unos huevitos con jamón, su pan tostado al lado, unos ricos frijolitos, el jugo de naranja que no puede faltar y....oh, oh. No hay café.
Volteas para todos lados como queriendo buscar un culpable.
Pero no tienes tiempo.

Ya se hizo tarde.
Ni modo, tienes que empezar tu día así, irritado.

Sales corriendo y piensas:
“Bueno, llego de pasada a la ventanilla del restaurant que me queda en el camino y me compro un vasito de café”

Y eso haces.
Sólo que al llegar lo primero que ves es un letrero: “Lo sentimos mucho, no hay café”.

Tu lo sientes más.
¡Vaya manera de iniciar el día!



“Ok”, te dices a ti mismo, “tranquilo, en la oficina debe de haber café”.

Debería. Pero no.
La secretaria no compró café porque, según ella, tú le dijiste que había que disminuir costos.
Le dijiste, según ella, que el poco dinero que entraba debía utilizarse para cosas más importantes.

“¿Cosas más importantes?”, te preguntas mientras la irritación va en aumento.

Debes de actuar rápido.
Tienes una junta muy importante.
El cliente ya viene en camino.
De hecho, el cliente ya llegó.

Está entrando.
La secretaria lo recibe y antes de que tú puedas decir algo la secretaria hace la pregunta que no debió hacer, por ningún motivo, en ese momento:

“¿Gusta tomar una tacita de café, Licenciado?”

Y, por supuesto, la respuesta que hubieras querido que, por ningún motivo, se hiciera:

“Claro, Rosita, bien cargado, por favor.
Usted ya sabe cómo me gusta”.

En ese momento quisieras estar en otro lado.
Te preguntas porqué no aceptaste irte de vacaciones a San Francisco con tus amigos.

Ahorita han de estar tomando un rico café junto a la bahía.
A gusto. Tranquilos. Relajados.

“Licenciado, licenciado, ¿qué hacemos?”

La voz de tu secretaria te regresa a la realidad.
A la triste y vergonzosa realidad.
Y tú que pensaste que lo malo podría terminar llegando a la oficina.


Y tu, ¿cómo terminarías esta historia?
Sólo imagínate sin café.
Y que todavía te falta terminar la mañana, comer,
toda la tarde y, finalmente, llegar a tu casa.

Escribe un final y envíalo a nuestro correo.

La mejor historia recibirá un regalo sorpresa.






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